Publicidad
  Lo más reciente
Monterrey gana en Ramos Arizpe
Brilla Gelinas en triunfo de P...
Scouts observaron talento de R...
       

Link 1Link 2
Domingo, 26 de Marzo de 2017  
 
Home   >   Publicaciones
 Publicaciones anteriores:
 
Una historia de béisbol jamás contada.
Capítulo I y II

CAPÍTULO 1. Aventuras, sustos y gustos.

Corría el ya lejano año de 1950, cuando el Señor David llegaba al vetusto Parque Delta de la Avenida Cuauhtémoc y Río de la Piedad. Lo acompañaban sus hijos Jesús de 9 años y el pequeño Armando de escasos 6, y quien mostraba mayor entusiasmo por llegar rápido al viejo Parque de tribunas de madera. Pero no crean que Armando iba con el fin de presenciar el béisbol, no en realidad le gustaba ir al parque, debido a que en la parte baja de las tribunas, estaba siempre estacionado un hermoso camión de bomberos, con sus farolas rojas y su brillante campaña que Armando, con la complicidad de los bomberos que cuidaban el camión, había llegado a hacer sonar. En cuanto Armando llegaba al parque se desprendía de la mano de su papá y corría a buscar a sus amigos bomberos. Con el tiempo Armando se fue interesando en el Béisbol y como su papá era mánager de un equipo, el pequeño empezó a tener contacto más directo con los peloteros. Lo que más llamaba la atención de Armando y de su hermano, era el léxico tan "florido" que utilizaban los jugadores, entre los que había algunos Veracruzanos y como en aquella época no se utilizaban como ahora las majaderías a todas horas, cuando alguien las decía, llamaba poderosamente la atención de los pequeños.

Armando creció y muy pronto empezó a ponerle mayor aprecio a las transmisiones de los juegos de Béisbol por la radio. Era un verdadero deleite escuchar la narración que hacía Pedro "El Mago" Septién, quien imprimía tal emoción a las jugadas que llegaba a hacer sentir al pequeño Armando que estaba dentro del terreno de juego y a punto de realizar alguna soberbia atrapada, como las que reseñaba "El Mago" Aparte de que la narración estaba salpicada de comentarios humorísticos de Carlos Albert, el escuchar los apodos de los peloteros de la época, hacían volar la imaginación de los que escuchaban atentos la radio. Imaginación es una facultad que tenían los seres humanos antes del advenimiento de la televisión. Dicha imaginación venía siempre aparejada con la inventiva y por lo tanto, los niños y jovencitos de aquellas épocas se divertían más creando juegos en los que utilizaban tanto el esfuerzo físico como el mental.

En la calle de atrás de su casa Armando se reunía con todos los muchachos de su cuadra  y organizaban toda clase de juegos entre los que no podía faltar el béisbol. Alguien conseguía una pelota de esponja y algún palo de escoba, se buscaban piedras y pedazos de madera para poner las bases y ¡Playball!  El problema es que como sólo se tenía una pelota, el que llegaba a volarse la barda de alguna casa, tenía forzosamente que ir a pedirla o ahí terminaba el partido. Para colmo de males en los linderos de lo que era el jardín izquierdo, había una chocita de fabricación rústica, donde se aseguraba que vivía una bruja y un aciago día Armando prendió una recta de fuego por el centro del plato y la mandó a viajar justamente a donde menos debía hacerlo, a la casa de la "bruja". ¿Se imagina el miedo que tenía Armando? pero por otra parte resulta que con su jonrón apenas se había empatado el juego a 24 carreras por bando. La tarde ya pardeaba al estilo de las siete de la casi noche. ¿Se animaría Armando a ir por la pelota?, ¿Cómo se le pediría a la "bruja"?.

CAPÍTULO 2. La bruja.

En el anterior episodio nos quedamos en que Armando pegó jonrón a la casa de la "bruja", y tenía que ir a pedir la pelota. Por fin temblando de miedo y apoyado moralmente por sus compañeros, sólo moralmente pues ninguno se animaba a acercarse a la casa, Armando llegó cerca de la puerta, no había luz en la casita y por supuesto tampoco estufa de petróleo y mucho menos de gas. Por tanto la viejita que tanto miedo inspiraba a los chamacos, tenía que alumbrarse con velas y calentar sus alimentos en un anafre de carbón, por lo que cuando sacudía dicho artefacto se expandían un buen montón de chispas, que hacían pensar a los chicos que se trataba del demonio que visitaba a la viejita que quizás nunca llegó a saber el miedo que les ocasionaba a los pequeños de aquella Callejuela. Armando no sabía si pedir la pelota o brincarse la verja de palitos que rodeaba el patio de la famosa casa. Con voz apenas audible dijo –¡Señora! ¿no nos regresa la pelota que cayó en su patio?–  La viejita debió haber estado más sorda que una tapia y con lo bajito que Armando hablaba, menos iba a ser escuchado. Pudo más el amor al béisbol que el miedo, y el chico se brincó la bardita y caminó sigilosamente, ahí estaba la pelota en medio del patio y junto a un montón de hojas que la viejita había barrido para mantener limpio su patio de tierra. Las piernas le temblaban como si trajera paletas en los pies, se acercó sigilosamente y cuando se agachaba para recoger la pelota, salió la viejita a sacudirle la ceniza a su bracero, con lo que el aire ya nocturno se llenó de chispitas, Armando tomó la pelota y salió como alma que lleva el diablo. Luego les contaría a sus amigos con mucho misterio que la "bruja" le había aventado lumbre para hechizarlo, pero gracias a su ligereza de pies había logrado escapar. Todo estaba bien, pero al día siguiente no podrían jugar ahí ¿Qué tal si se volvía a volar la pelota a la casa de la bruja? Como entonces no había televisión al alcance de todos, no faltó alguno que propuso un nuevo terreno de juego. Pablo a quien apodaban El Coyote dijo –atrás del panteón hay un amplio terreno, plano y aunque hay piedras y vidrios lo podríamos limpiar un poco y jugar ahí–. Rodrigo El Orinoco (le habían puesto así por orinarse en los pantalones en la escuela) comentó –cierto, además podemos jugar hasta más tarde, ya que hay dos reflectores que alumbran parte del terreno–.

La tarde siguiente en cuanto salieron todos los del equipo caminaron con rumbo al panteón, El Flaco Portocarrero había traído cal para pintar el campo y Armando se había escamoteado una de las escobas de su casa, de manera que llegaron y empezaron por limpiar de piedras el terreno, había muchos vidrios y hubo que empezar a barrer, pero la escoba levantaba tales nubes de polvo que muy pronto parecía que todo el equipo se había barrido en tercera. Se pintó el campo y se hicieron los equipos tratando de respetar el orden que se había utilizado, en el juego empatado del batazo Brujo como le llamaron desde entonces a Armando, lo malo que como el apodo no le molestaba, muy pronto quedó en el olvido y le siguieron llamando Armando. Dio principio el cotejo, los ponches y las grandes jugadas se veían salpicadas de bromas y chistes en un ambiente de camaradería. Había una niña de nombre Lupita, que bateaba fuerte de verdad y todos querían que jugara en su equipo. Ella aceptaba con la única condición de que la llamaran Alonso Perry, ya que el famoso "Espiritón" cuarto bat de los Diablos Rojos del México era entonces el bateador más popular entre la chiquillería que jugaba el bonito deporte con más ganas que conocimientos del juego. Pero he aquí que los vigilantes que habían visto a los chamacos limpiar el campo sin decir nada, se acercaron cuando ya el juego había comenzado y en forma amenazadora corrieron a los chicos, diciendo que ese terreno era propiedad de Petróleos Mexicanos y que o se largaban o los corrían a balazos. Armando se engalló y les gritó que por qué se habían esperado a que limpiaran el campo para correrlos y los vigilantes, por toda respuesta cortaron cartucho y "a correr muchachos" se escuchó el grito de Armando, rápidamente se esparcieron corriendo rumbo al panteón en cuanto escucharon el estruendo del primer balazo, brincaron la barda del panteón y detrás de un viejo y abandonado mausoleo se reunieron para ver si no faltaba nadie. Con el corazón en la garganta los chicos se platicaron sus emociones y ya más calmados iniciaron el camino de regreso a su cuadra, caminando despreocupadamente por en medio del panteón. De pronto algo los paralizó, los más valientes ahogaron un grito, mientras que los demás quedaban mudos y horrorizados por lo que veían. ¿Qué fue aquello que vieron? ¿Soportarían el miedo? ¿Saldrían corriendo?

¿Quiéres opinar de esta Publicación? Hazlo aquí:
Nombre
Correo Electrónico
Tu comentario
Es muy importante que opines con tu nombre y dirección de correo electrónico verdaderos. A fin de mantener la buena conducta, queda estrictamente prohibido cualquier insulto, amenaza o insinuación hacia cualquier persona. No se permite el lenguaje difamatorio, obsceno u ofensivo, faltas de respeto y el uso de sobrenombres de mal gusto. Tampoco se permiten mensajes que violen los derechos a la intimidad de terceras personas. reydelosdeportes.com se reserva el derecho a decidir qué mensajes incumplen estas normas y eliminarlos sin previo aviso.
0 Comentarios


¿Eres usuario nuevo? Regístrate Aquí.

Para poder opinar NO necesitas estar registrado.

Si deseas poder participar en todas nuestras promociones y enterarte primero que nadie de nuestros concursos y novedades, llena este sencillo formulario y empezaras a gozar de los privilegios de formar parte de nuestros usuarios frecuentes.


ESTE REGISTRO ES TOTALMENTE CONFIDENCIAL.

 
©2008 Reydelosdeportes.com Todos los derechos reservados,
La republicación o redistribución del contenido del Reydelosdeportes.com queda expresamente prohibida.
Comentarios: contacto@Reydelosdeportes.com Publicidad: anúnciate con nosotros
Fundadores: Jorge Franco Esquerra y Alvaro Zamudio Díaz

Hemisferio Comunicaciones